Quienes Somos

Cinco generaciones dedicadas al café algo han aprendido. Nuesta historia transcurre en pleno bosque de niebla, que es como se llama el ecosistema de esta zona del estado Veracruz, México, en donde se asenta el pueblo de Teocelo.

Teocelo, a principios de 1900. Archivo familiar.

Mi tatarabuelo materno compró una pequeña finca de café a principios del siglo pasado, cuando por motivos políticos de la época no podían seguirse dedicando a lo que había sido el negocio familiar, la ganadería.

En 1904 el presidente Porfirio Díaz fue a inaugurar la terminal de ferrocarril de Teocelo, y a elevar al pueblo a la categoría de ciudad. Esto le daría un auge económico al pueblo, que se convertiría en la boca de sierra en la cual los comerciantes y productores de los pueblos de la sierra venían a mercar sus productos.

Y entre los productos de esa zona, el café había venido a asentar sus reales desde un siglo antes, cuando en 1808 habían llegado las primeras matas a esa zona de Veracruz procedentes de Cuba.

En mi primiera infancia viví en casa de mis abuelos maternos, de la que nunca me he ido del todo, así que puede decirse que crecí con los olores del café, no solamente del aroma del café tostado que tanto nos gusta, también con los aromas del campo, pues acompañaba a mi abuelo a la finca, no solamente al corte de café, sino también a la chapeada, que es como se la le llama al desbroze en la zona. Mi abuelo, sobreprotector que era, no me quería dar un machete, aunque yo veía niños de mi edad que ya lo traían, así que me buscaba un surco donde la hierba fuera suave y una varita para quebrar la gachupina, que es la hierba más frecuente en los cafetales y, por suerte, más suave.

Mi abuelo, Cesar Martínez Sanchez, en sus años mozos. Q.E.P.D

Es a mi abuelo a quién le debo el amor por el café, por la finca de sombra con sus guayabos, sus plátanos, su pimienta, su jinicuil y su cedro.

Después que mi abuelo dejara la finca, cuando su edad ya no le permitiera salir a trabajar, hemos tomado el relevo las generaciones siguientes, su yerno, esto es, mi padre, y yo.

En algún punto fuimos entendiendo que la tradición debe platicar con la ciencia, de manera que algunos de los métodos con que realizamos el beneficio del café han ido cambiando de acuerdo con lo que ahora conocemos que da mejores resultados, tanto como por haber estudiado los nuevos métodos, como por ir experimentando para adecuarlos a la realidad de nuestra zona. Tomamos lo que nos funciona para ofrecer el mejor aroma, y el mejor sabor en cada taza.

Así somos en Café Mochitla.

Daniel Carrera Martínez.